domingo, 22 de enero de 2012

El temible corvus, los espolones y las catapultas


En la imagen se puede observar un clásico espolón d trirreme o quinquirreme romanas. Tres puntas de hierro, con la superior algo curvada hacia arriba, servían para aferrar el casco de la nave enemiga una vez embestida y atravesada.

La táctica empleada en Milazzo por los romanos en su primera batalla naval contra los cartagineses rompió los esquemas imperantes en la época, que hasta entonces se basaban en la embestida frontal con el modelo de espolón desarrollado por los griegos. Los romanos planearon una táctica a la medida de sus posibilidades, tomando en cuenta sus puntos débiles pero también sus ventajas. Eran conscientes de que sus tripulaciones, entrenadas de forma apresurada y compuestas por hombres de distintas disciplinas y procedencias, eran inferiores a las cartaginesas a la hora de maniobrar con habilidad y rapidez; por otro lado, también sabían que su punto fuerte eran, sin duda, sus aguerridos legionarios, soldados duchos en el combate cuerpo a cuerpo, bien entrenados y disciplinados. Decidieron cambiar por completo el concepto griego de atacar cruzando la línea enemiga para virar en redondo y atacar entonces de proa, hincando el espolón lo más perpendicularmente posible en el barco enemigo; los romanos optaron por el abordaje directo, aproximándose lateralmente al enemigo, procurando romper el mayor número posible de remos y lanzando sobre él las corvus, unas pasarelas articuladas, de forma que los soldados pudieran invadir la cubierta en pocos minutos. El denominado corvus estaba formado por una plancha rectangular, a modo de pasarela, dotada de un enorme gancho puntiagudo que, al dejarse caer, perforaba la cubierta aferrándose así al barco enemigo. La tropa de asalto, armada de espada corta, se lanzaba por la pasarela, entrando en un combate cuerpo a cuerpo. Las guarniciones cartaginesas de cubierta, más marineras que guerreras, se encontraron en Milazzo en clara inferioridad frente a los romanos. Algunos de los corvi (plural de corvus en latín) llegaron a medir 11 metros de longitud por 1,20 m de anchura; además, estaban diseñados para resistir mucho peso, de modo que pudieran pasar a la vez unos 100 legionarios en un solo abordaje. Eran orientables y algunos podían replegarse durante la navegación. Las trirremes romanas se equiparon también enseguida con armas balísticas copiadas inicialmente de las cartaginesas y tolemaicas. Eran catapultas capaces de arrojar piedras o bolas de plomo de hasta media tonelada. Existen discrepancias entre los especialistas sobre su alcance efectivo, pero parece viable que alcanzaran entre los 500 y los 600 metros. Tras someter a Grecia a mediados del siglo II a.C., los romanos incorporaron los dispositivos denominados "manos de hierro", ideados por Arquímedes en el asedio de Siracusa en 212 a.C.; eran artilugios montados sobre un soporte de hierro, con los que se lanzaba aceite hirviendo al enemigo.Los romanos mejoraron el espolón de las galeras griegas, dotándolo de tres puntas de hierro a modo de tridente, que aferraban la nave enemiga y facilitaban la caída del corvus para el asalto. En las guerras Púnicas prevaleció el ataque en paralelo, or resultar más eficaz la lucha cuerpo a cuerpo sobre cubierta.