lunes, 23 de enero de 2012

Las perfeccionadas galeras romanas


Alzado de una trirreme romana ligera, de un solo palo.

La trirreme romana fue un desarrollo de la cartaginesa, que, a su vez, bebió de las fuentes griegas. Llegó a ser sustancialmente diferente de su antecesora dos siglos después de la batalla de Salamina. Las trirremes romanas posteriores a las guerras Púnicas eran igual de rápidas que las griegas, pero mucho más robustas. La experiencia de años de batallas perfeccionaron la estructura en cuanto a solidez y resistencia. Con los romanos, las cuadernas adquirieron una importancia fundamental. Pasaron a ser colocadas antes de la tablazón , ensambladas con espigas y con listones a tope. Después, se fijaba la tablazón sobre las cuadernas, a la inversa de como lo habían hecho los griegos hasta entonces. El velamen también evolucionó, y casi todas las trirremes llevaban dos o tres palos con velas cuadras o al tercio; aún así, la unidad ligera de un solo palo fue la que predominó, por su rapidez de maniobra y su bajo coste. Más tarde apareció lo que algunos expertos consideran como el primer foque: una vela triangular denominada supparum, nombre que se daba a los chales que llevaban las damas romanas y que tenían una forma parecida. La evolución en el tamaño de las velas se relaciona con los conocimientos de los tolomeos egipcios, a quienes los historiadores señalan como los principales impulsores de la evolución de las flotas de guerra. Ellos fueron los que desarrollaron la técnica de las catapultas y de las grandes ballestas; con ellas se disparaban flechas a más de 300 metros de distancia. También fabricaron diversos proyectiles demoledores, como las barras de hierro al rojo vivo y unas cazuelas de arcilla que se llenaban con pez hirviendo.
Si los tolomeos fueron los innovadores de las trirremes, los romanos llevaron a la perfección las técnicas de construcción de las mismas. Existen restos arqueológicos de barcos mercantes romanos, pero muy pocos de guerra; sin embargo, los hallados en el lago Nemi en 1930, dos galeras de la época de Calígula (40 d.C.), de 73 y 71 metros de eslora, revelan el alto grado de calidad de los maestros de ribera que las habían construido. Eran dos naves excepcionales: la tablazón del casco estaba perfectamente ensamblada, estaban calafateadas con estopa, pez y resina, más una capa de minio de hierro, e iban cubiertas con un tejido de lana impregnado en una sustancia impermeable; las terminaciones eran de plomo claveteado con cobre.Los espolones eran de hierro fundido y las proas presentaban la característica forma en U. La cubierta era de planchas de encina fijadas a las cuadernas, con una superficie de casi 1.400 m2. Tal estructura era incapaz de navegar por el mar, y se supone que estas galeras servían como villas flotantes dentro de los lagos, ya que en su interior se hallaron restos de sistemas de calefacción. Ambas piezas fueron destruidas por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, antes de que su ejército se retirara de Italia.